Sería una labor que sobrepasaría las intenciones del texto presentar la escalera en sus diferentes variantes y significados. Por este motivo nos referiremos a un tipo de escalera en concreto, estableciendo unos límites al discurso de gran extensión que este elemento de la arquitectura ha esbozado desde su aparición en el comienzo de las civilizaciones y, como consecuencia, influenciando al medio cinematográfico. Entre sus diversas variaciones y tipos destaca la escalera de tramo recto, escogida por los principales iniciadores del lenguaje del séptimo arte, David Wark Griffith y Sergei Eisenstein para sus escenas memorables de Intolerancia y El acorazado Potemkin, respe
ctivamente. Indiscutible es establecer el legado de estas grandes obras como precursor contundente del desarrollo del cine. Las escaleras de los episodios de Odesa y Babilonia son escaleras de tramo recto monumentales, por contener gran cantidad de escalones, diversos tramos y gran anchura. Es el tipo de escalera que accede al templo, al museo o al palacio de justicia. Se distingue por ser la más simple de las escaleras y, probablemente, la más antigua. Ahora bien, ¿Cuál es el grado de importancia que guarda la disposición arquitectónica de la escalera a la hora de definir su influencia dramática? ¿Afecta esta disposición a la comprensión que puede extraer el espectador? Afecta y de modos muy diversos. El dispositivo formal de la escalera sustenta formas de sentir el drama que realzan la importancia iconográfica de este motivo. Garantiza y visualiza el tránsito entre arriba y abajo, un fuera de campo imprescindible para que el espectador aprecie el conjunto del espacio que la película es capaz de sugerir. Su estructura aporta la línea diagonal al cine, albergando la tensión que Eisenstein reclamaba en sus escritos de estética cinematográfica, donde afirmaba que en la misma diagonal radica
ba la base de la energía constructiva del film. Además, la escalera se convierte en un espacio privilegiado para las apariciones y desapariciones. Es el lugar óptimo para la presentación de los personajes, para conducirlos hacia espacios desconocidos o intuidos, para hacerlos circular a través de su estructura. Es el lugar donde acontece el drama, donde se confiesa el amor, donde sucede la tragedia, el enfrentamiento, donde se origina el placer o se origina el dolor. La escalera acumula en su seno todos los aspectos dramáticos de la narración. Incluso vacía, una escalera contiene una intensísima impresión significativa, apareciendo como uno de los elementos del decorado con mayor capacidad de transgredirlo, de fijar iconográficamente la memoria y la atención del espectador. Justificada es su incorporación dentro de la funcionalidad narrativa y expresiva del cine.
Detengámonos ahora en las referencias concretas de la escalera en los episodios de Babilonia (1914) y Odesa (1925), realizados ambos durante el temprano desarrollo de la estética de los inicios del cine. El episodio babilónico de Intolerancia resultó en uno de los decorados más influyentes de la historia cinematográfica y representa la apoteosis del estilo colosalista. El decorado central con la escalinata majestuosa se convertiría en una metonimia de la película completa. La situación central de la escalera servía de elemento estructurador del decorado, extendido alrededor de la misma en una actitud de devoción rebosante hacia el tramo último de la escalera, dispuesto a modo de altar supremo del poder y lo divino. Esta decisión estética no solo vino influenciada por estímulos de origen arquitectónico sino que además el tema había sido tratado por referentes en la
pintura francesa de la época como La caída de Babilonia de Georges Antoine Rochegrosse o grabados de Doré. El banquete de Baltasar de Jhon Martin fue utilizado como referente último del decorado durante la producción de la película. La escalera recta que aquí tratamos representa perfectamente lo que es la escalera del emperador, el lugar donde se sustenta la visualización del poder imperial. La escalera como camino que une lo divino y lo terrenal, el poder y el pueblo. Es el territorio de relación con sus súbditos, con las mujeres, espacio de celebraciones, de recibimientos, de despedidas, espacio de devoción, espacio ritual. Establece la distancia entre abajo y arriba, entre la obediencia y la jerarquía, entre lo conocido y lo desconocido. Es un lugar donde, además de su fortaleza, también se manifiesta la ambición, la traición y la debilidad del imperio. Visualiza los mecanismos del poder, el dominio de unos personajes sobre otros. Es una escalera que parece haber estado en su lugar desde siempre. Trasciende a los personajes que la ocupan, la transitan y se relevan entre ellos mismos. El poder que ocupa lo alto de su altar es adquirido por los personajes que reemplazan su puesto con el tiempo, pero la escalera en sí los sobrevive. Es un símbolo atemporal, que presencia la crisis y exterminio de un pueblo y el relevo del siguiente. Presencia la muerte, el suicidio, la aceptación del fin de sus predecesores y acoge en su tramo los nuevos herederos del imperio. Un espacio colosalista, que en su desmesura contiene la simiente de su destrucción.
Por otro lado, el episodio de la escalera de Odesa, perteneciente a la obra de El acorazado Potemkin, presenta la escalera como un manifiesto cinematográfico donde todo está a la vista. Es la quinta esencia del decorado autónomo. De la misma manera que en el caso de Intolerancia estamos ante una división del espacio jerarquizado, el poder de un imperio y la tiranía de éste hacia su pueblo se manifiestan
en el espacio formal de la escalera. A diferencia de Intolerancia, la escalera de Odesa es en todo momento un territorio de represión, de enfrentamiento del poder imperialista con la masa de un pueblo vulnerable. En Babilonia vimos una escalera que representaba en ocasiones la celebración, la mujer, la forma del placer, el lugar divino y el lugar de lo celestial. La escalera de Odesa sin embargo es un escenario de horror, un escenario preparado para representar el manifiesto revolucionario del pueblo contra el régimen zarista. Un reclamo a la injusticia, un teatro de brutalidad, una escenografía de la violencia del poder. La escalera presenta algunos rellanos que interrumpen el carácter interminable para dar a los personajes una pausa que les permita pronunciar su discurso. Esa inmovilidad momentánea es la que permite a Eisenstein fijar los momentos más trágicos de la escena. Es en estos descansos horizontales entre diferentes tramos de la escalera recta donde se producen los momentos más dramáticos: la carga de los militares sin rostro, la ejecución de la madre con su hijo en brazos, el inicio del descenso del cochecito del niño, inolvidables momentos de trágica intensidad. Hablamos anteriormente de la escalera como lugar de tránsito. Este desplazamiento de los personajes a través de su estructura lo vemos de muy diversas maneras. En primer lugar existe una categorización por la acción que se enmarca en la propia escalera. El acontecimiento puede ser desde una celebración, como en el caso de las celebraciones de Intolerancia, una presentación, una despedida o hasta un enfrentamiento como los que se dan en El acorazado Potemkin o en Intolerancia. Babilonia celebra el triunfo de sus dioses en el mismo cuerpo de la escalera. Las mujeres, ordenadas en hileras y perfectamente espaciadas, desfilan a lo largo del tramo de la escalera exhibiendo su belleza y desplazándose en un ritmo calmado y orquestado por una danza ritual. Se crea en consecuencia un espacio armónico, ordenado y dominado por la divinidad. Por el contrario los desplazamientos que se producen en el mismo cuerpo de la escalera son caóticos cuando nos referimos a un enfrentamiento en la escena. Aún a
sí hay una diferencia clara entre el caos generado en Odesa y el caos generado en Babilonia. Los desplazamientos siguen un orden común en el caso de las masas babilónicas, donde el pueblo se desplaza a modo horizontal de un lado a otro de la escalera cuando la amenaza penetra en el corazón mismo de la escena. El ritmo de los desplazamientos se altera y desde una perspectiva amplia podemos ser partícipes observadores de la caída del imperio. Por el contrario, en Odesa los desplazamientos siguen un ritmo frenético desde la primera voz de alarma. Las masas se desperdigan en dirección diagonal y sentido inferior, pero sin un orden delimitado. El caos domina la situación. Los cuerpos fallecidos cubren la superficie escalonada mientras son aplastados por el mismo pueblo descontrolado por el miedo o por la línea de soldados ejecutora que avanza amenazadora en dirección hacia el lugar del pueblo, el espacio del pie de la escalera. La representación del poder del ejército zarista viene estructurada en el espacio con el escenario superior, mientras que el pueblo y el lugar al que pertenece se representa visualmente en el escenario inferior. Vehículo propio de esta diferenciación es el de la escalera, donde por medio de la reivindicación a la revolución como única salida al régimen zarista se esconde el manifiesto, la esencia que Eisenstein transmite en su film. Ya hemos visto que la escalera es medio y testigo de acontecimientos, alberga cuidadosamente la memoria de sus acciones y es elemento último regidor, en cuanto que trasciende todo lo que acontece. Ya sea escenario de batalla de un imperio ancestral o manifiesto de efemérides relativamente contemporáneas, los peldaños de la escalera monumental albergan el significado mismo de los dramas de la humanidad.