lunes 2 de julio de 2007

III. Chungking Express. Tiempo reticente.


Película fresca, de rodaje veloz y reducido presupuesto que se elaboró cámara en mano, sin permisos oficiales, ni decorados, sin apenas guión y entre las calles del barrio de infancia del director, Tsim Sha Tsui. Con la ayuda inestimable de los directores de fotografía Andrew Lau y Christopher Doyle, el rodaje de la película fue tomando forma a medida que se filmaba, se improvisaba y se reconducía la primera estructura esbozada por el director. El resultado, la circulación por pantalla de fantasías y ensoñaciones que, como André Roy describiría, son un estado del alma visto a través de una road movie de emociones, como un estilizado cuento de hadas protagonizado por personajes que trasladan sin cesar, a los objetos inanimados, sus anhelos y sus sueños. Como consecuencia, entre otras muchas asociaciones, innumerables objetos se convierten en fetiche: latas de piña caducada o botellas de cerveza evocan desengaños amorosos, un avión de juguete expresa la nostalgia por la novia perdida, peluches como confidentes de intimidad, una pastilla de jabón, un trapo de cocina o una toalla que gotea como metonimia del frágil estado de ánimo del personaje. Flashes, destellos, variaciones de velocidad, manchas de luz y de color desplegados por la pantalla a forma de pinceladas intuitivas que confieren a Chungking Express su verdadera naturaleza cinematográfica. La dilatación de las vivencias interiores, los deseos individuales, el movimiento y la inacción desprenden imágenes filmadas que convergen a un universo lírico donde la esencia del cine de Wong Kar-Wai se encuentra en estado puro.


III.I Secuencias número uno y dos.


La primera secuencia extraída de la película transcurre cuando el policía 663 se retira a la izquierda del mostrador de Midnight Express para tomar un café. Al tiempo, Faye observa en silencio e inmóvil mientras, en primer término del encuadre, la muchedumbre circula por delante al ritmo frenético marcado por la vida de la urbe.




La segunda sequencia extraída se trata del momento en el que el policía 663, cansado de esperar en el bar California, se inclina para introducir una moneda en la JukeBox mientras en el fondo del encuadre deambula la gente a un ritmo acelerado.



En películas tempranas como esta misma o Fallen Angels, Wong Kar Wai reiteró un recurso que caracterizaría la estética de este período fundamentalmente. La analogía a la formación de estas imágenes sería la de un moldeado temporal, un escultor del tiempo que yuxtapone tanto su cualidad efímera como su longevidad. Un diálogo entre la reticencia y la entrega de los personajes al transcurso del destino, del recorrido eminente e imparable del tiempo. El espacio de la reflexión interior, el ámbito de la imaginación, es el único territorio en el que las criaturas de Wong Kar-Wai pueden controlar sus vidas y conseguir que se prolongue, en el transcurso del tiempo imaginario, todo aquello que fluye sin descanso y que amenaza con desaparecer en la vida real. Es un momento que el espectador intuye fugaz pero que el personaje experimenta y siente como dilatado, un instante de desconexión con el mundo real, capaz de condensar la vivencia subjetiva del pasado y del futuro al mismo tiempo. Todos los términos abstractos pertenecientes al entramado emocional de los personajes de la película emergen implícitamente al tiempo que el diálogo deviene únicamente visual y el paréntesis narrativo cede su protagonismo a lo poético, como si una búsqueda del paisaje interior de los personajes tratase de encontrar la sublimidad. Al mismo tiempo se contrapone la imagen figurativa con la aceleración congelada de las imágenes literalmente abstractas, lo que aporta un deslumbrante hallazgo conceptual a la operación visual conseguida por el director y por Chistopher Doyle.

1 comentarios:

BUDOKAN dijo...

Grandioso post sobre este maestro oriental que en cada film nos regala una poética visual urbana tan bien descripta por tus palabras. Saludos!